Ya para qué

Fotografía

Conocí a la rockera en el troli. No, qué gracia me iba a hacer. A mí la gente payasa, y más si es mujer, me cae mal de entrada. Pero Amalia, la rockera, a pesar de sus mechones verde perico y naranja, sus pantalones de mezclilla roídos, y sus tenis fosforescentes, cuanti más inapropiados para una sesentona, tenía un brillo especial en los ojos. Una mirada digamos, feliz. Una paz, no, más bien un contento, no, no era precisamente contento lo que le brillaba, era una transparente honestidad que atraía, y ese olor a albahacas. Me senté junto a ella. ¡Claro que no! ¡Yo no suelo hacer ese tipo de pentontadas! Ni que fuera novata. Sé muy bien que una nunca sabe. Como aquella vez que un tipo se me sentó pegadito. Bueno, sí, el trole venía a reventar. Empezó con que si eres casada, si viuda, soltera. Pinche viejo ya tuteándome y todo. ¡Rabo verde! No que yo sea un botoncito. Justo por eso, ¿no crees?, a mis años, un poco más de respeto. Digo, tampoco es que ya esté yo pa los leones ni tan dada al catre. La verdad es que me arreglo bien para ir a trabajar. Lo último que una quiere parecer es chacha que va a pedalear al otro lado. Pues sí, para qué negarlo, tengo mi pegue. Pero nunca le saco conversación a extraños y mucho menos en el troli. No, ni Dios lo quiera, te sale que es de la migra y ya soltaste la sopa. De por sí soy de muy pocas pulgas y pa pronto me lo puse en su lugar, y a usted que chingados le importa, así le dije. Por eso traigo este anillo quesque de brillante, para parecer casada y que me dejen de mosquear. Que casada ni que Reyes Magos. El huevón de mi ex me dejó con tres hijas y nunca me dio un quinto. Lo de siempre, con una jovencita que le calentó la cola. Qué iba yo a hacer. Ya cuando estás en esas, como quiera que te pongas vas a llorar. Me la rifé como muchas aquí en la frontera. Me crucé al otro lado y a limpiar casas. De eso hace ya treinta años. No, qué buscarlo ni que nada. El que vive de ilusiones muere de desengaños. Cuando digo, se acabó, ya no me quedo a patinar en el fango. Entonces fue cuando conocí a la rockera. Nos encontrábamos todos los martes a las siete de la mañana en la línea. A las once más o menos cruzábamos al otro lado. Ese es el horario perfecto para no coincidir con el de los trabajadores y con los migras tejanos o filipinos que son los más malditos y siempre te mandan a inspección secundaria. A las once, bien vestidita, pareces una de esas ñoras riquillas que se van a Las Americas de choping. Los jueves volvíamos ya de noche. Decidimos también cruzar juntas de regreso y acompañarnos. La cosa en Tijuana está peliaguda. No falta el vivales que te robe la visa. Las venden a quinientos dólares, y para sacar otra, olvídalo. Mi visa es mi vida. La cuido más que a mis hijos. Bueno, no es para tanto. Más que a mis ojos. Juntas cruzábamos cada martes después del trago amargo de la aduana. Por dentro paniqueadas. Por fuera como si nada, yo soba y soba mi rosario, por favor Virgencita. Ahí, en las manos del migra, la posibilidad de seguir pagando mi renta, las colegiaturas de mis tres hijas, la promesa de una vida más holgada. Con la típica carita mustia de yo no fui, voy de compras, voy a visitar a mi tía o lo que se nos ocurra inventar esa mañana. Juntas, aliviadas del susto y ya del otro lado, tomábamos el troli. Nos hicimos amigas. La rockera era francota, muy curada y de alegría contagiosa. Nos reíamos de cualquier bobería. Poco a poco otras compañeras del troli se nos fueron uniendo. Cuando la cosa se puso más dura por las disposiciones del pelos de elote, la rockera nos dijo que conocía a una doña en East Lake. Le hacía limpieza o le cuidaba a los niños o le cocinaba o le lavaba la ropa, buena onda. Mexicana casada con gringo. La cosa es que la doña tenía una camper junto a su casa y necesitaba rentarla. Para una sola de nosotras era imposible. ¿Le entran? Nos convidó Amalia. Así no cruzamos tan seguido. Dormimos de martes a jueves en la traila y le bajamos al lance de que nos cachen. Nos juntamos las cinco mejores amigas y la agarramos. El trailer está parqueado en un terreno baldío y tiene reja. No nos puede ver nadie. La doña nos advirtió, no caben más de tres, pero no íbamos a dejar fuera a Larisa, que es la más jovencita y está embarazada y tampoco a la Lupe que mantiene a su esposo y a toda su familia política, bola de malnacidos. La han explotado por años. Las cinco, apretaditas nos acomodamos. Ya en la noche, conforme vamos llegando nos ponemos cómodas. Cada una saca algo de comida y compartimos. Vemos tele, echamos carreta. Siempre hay una que oyó de alguien que deportaron, asaltaron, desaparecieron. Por eso antes de apagar la luz siempre esperamos a que llegue la última. El otro día Larisa nos pegó un buen susto. Llegó pasadas las diez. ¿Qué onda, manita, por qué tan tarde? Nada, tuve que esperar a que pasara el aguacero y luego el camión no llegaba.

Ahora andamos agüitadas porque se nos fregó la tele. ¡Ah no! Yo ya traje una. La gente se mal acostumbra y pa pronto el encaje. Sí, ya estaba tijuaniadita la pobre, me la regaló una de mis patronas. Pero y qué que estuviera gastada, funcionó atm tres años. Si quieren tele, que otra diga yo y se apunte. Además mi sobrina me ofreció que me vaya a su depa los martes y jueves a guacharle a las niñas. Pues sí, le dije que sí, ya veremos qué tal sale el cambio. Por supuesto que voy a dejar mi cama en la traila. Ni crean, les advertí, me voy sólo superficialmente. Ya veremos cómo me va de niñera.

La Lupe es la que se va a hacer cargo del orden en la traila. La rockera se retira. Bola de viejas pendejas, nos dijo a las cuatro del Club de la Edad Acumulada. Laricita no cuenta porque está muy tierna todavía. Viejas pendejas, reiteró con ese encanto suyo con el que diga lo que diga cae en gracia. ¿Cuánto tiempo más piensan seguir trabajando? Yo me retiro. Me voy pa México. Me toca disfrutar un poco. Mis ahorros para mí, la familia ya que se las arregle como pueda.

Y sí, el miércoles pasado la rockera se retiró para siempre. Se la llevaron de emergencia al hospital. Estaba infestada de cáncer. Yo ya no fui a verla. La quería bien mucho, pero, ¿ya para qué? Drogada, inconciente. Irradiando dolor más que alegría. Me quedo mejor con su mirada bullanguera, con el escándalo de sus mechones y sus tenis. Lo que sí supe es que un matrimonio de gringos a quienes les cuidó a sus hijos desde morritos hasta que se fueron a la uni, vinieron desde Nueva York al entierro. Ya para qué, digo yo. Despedirse de un muerto es inútil.

22 respuestas

  1. YA PARA QUE!!!!
    Totalmente de acuerdo, es el día a día y apreciar ésa convivencia diaria de toda clase de personas, es lo que enriquece! Me encanto la actitud de Amalia👍

    1. Gracias por tu comentario, Marcela. Sí, esa manera de gozar con lo que hay. De ser quien uno es, le guste y le parezca a quien le guste y parezca.

    2. Wow Vicky, quizá es la de las historias que he leído que más me ha gustado en los últimos tiempos
      Es impecable, fuerte, y a la vez conmovedora
      La leo y no paro de sorprenderme
      Y al llegar al punto Final con F mayúscula. Comienzo nuevamente a leerla
      poderosa historia … muchas felicidades

      1. Gracias, Linda,
        La vida de estas mujeres tiene infinitas capas de complejidad. En estos micro relatos yo intento dejar ver una pequeña cuarteadura en la profunda zanja de la historia.

  2. Sufrí mucho leyendo esta historia, se me fue cerrando la garganta pensando en lo común que resultan los ires y venires de estas mujeres que cruzan la frontera para trabajar buscando ayudar a su familia a pesar de los peligros que se les presentan cada vez que lo hacen.
    La valentía y fuerza que tienen es impresionante.
    El lenguaje de este relato es tan vívido que me sentí parte del grupo y la conversación. Imaginé a la roquera sentada junto a mí. Terminé pensando y comprobando que cuando ya se han agotado todas las esperanzas y ya no hay razones para seguir con vida no queda nada, llega el vacío y el ya para qué.
    Muy conmovedor, muy real, muy actual, muy fuerte, muy triste, me dejas en el piso

    1. Gracias, Marianela,
      Son las invisibles. Las que se juegan la vida por avanzar un pasito en la escalera. Por darles a sus hijos lo que ellas no tuvieron. Son las heroínas de lo cotidiano!

  3. Qué bárbara mi Vic, eres una buenaza!! Cómo sabes hablar así!? Bromear así…??? Como si fueras una de ellas, de las mujeres q pasan la frontera, de las q viven en el norte… eres graciosa y profunda, tienes un manejo del coloquio callejero como si fieras una de ellas, una de ahí mismo… me alucinas! Me fascina leerte… Te imagino ahí sentada en tu escritorio, creando, y no puedo concebir cómo dan vueltas tus tuercas cerebrales q lo q sale es así de bueno y de original. Bravo amiga! Creadora de historias! BRAVO!!!

    1. Ay mi Shu,
      Ese aliento que me das cuando dices que te metiste en el texto, que fuiste desdoblando palabra por palabra. Uno escribe por puro Tita necesidad, pero encontrar miradas como la tuya es un dulce en el camino.

  4. Vicky, una situación Súper Real, la plasmaste como si
    fueras la manita de ellas y te acabarás de bajar del trolley.
    Admiro a esta gente, su valor y esfuerzo por darles a sus familias una mejor oportunidad.

    1. Muchas gracias por tu comentario, Esther,
      Nada como usar la escritura para comprender la vida de otros. Es una herramienta tan poderosa que te regala a cambio la empatía.

  5. Durante varios años, me tocó visitar fábricas a lo largo de la frontera Mex-USA, desde Tijuana hasta Matamoros. El perfil de los trabajadores era generalizado, con un 80% de mujeres jóvenes, solteras con hijos; trabajando horarios extenuantes en plantas de producción que generalmente pertenecen a compañías asiáticas y americanas, que además de lucrar con salarios muy bajos, operaban en condiciones que jamás podrían en sus países de origen dados las “holgadas y tolerantes” legislaciones ambientales y ocupacionales que se dan del lado mexicano para atraer inversión extranjera.
    Trabajando en condiciones insalubres, exponiéndose a ambientes nocivos, respirando gases y partículas a veces cancerígenos, con niveles de ruido y temperaturas insoportables, que a la postre resultan en enfermedades en su mayoría fatales, que como bien lo mencionas en tu triste relato, no dan lugar a un retiro digno; se mueren en el intento; viven para trabajar y mueren trabajando.
    Las que cuentan con mejor suerte, logran pasar del otro lado para labores domésticas y con mayor suerte, casarse con algún gringo que las legalice.
    La vida – o sería más preciso llamarle esclavitud – en éstas zonas fronterizas que por supuesto se da en todo el mundo, es una expresión más de la maldad y codicia humana. Cada vez que terminaba la visita en alguna de estas plantas me quedaba, así, tal cual, en total depresión y tristeza, sin alcanzar siquiera poder llegar a ser empático, imposible. Así como me quedé con el final de tu maravilloso texto.
    Muchas gracias hermanita, una vez más, por restregarme la realidad, como solo tú lo haces.

    1. Gracias, Jaime,
      Imagino el vacío que sentías después de presenciar tanto abuso. Cómo dice mi amada Clarice Lispector, es mejor no buscar respuesta donde no la hay. La injusticia es un asunto que a todos nos debería raspar.

  6. Ya para que
    Hay Vicky, me gusto muchísimo, me reí de tus descripciones, pude imaginarme con tu rico lenguaje todo lo q pasaba. Y al final me llego la tristeza de saber q no es un cuento sino una realidad. Que triste que sigan cruzando con miedo por dentro y como si nada por fuera. Eso lo veo a veces con gente caminando por las calles, cabeza hacia abajo o volteando hacia el lado opuesto de donde vienen los coches.
    Por mi escuela en SD hace unos años se acercó la migra y se llevó a varios papas después de haber dejado a sus hijos en la escuela. A uno lo agarraron por no haber cruzado la calle en la esquina. Hubo mucho miedo en esa época. Sigue habiendo temor en las familias y se protegen de diferente manera. Ya te contaré.
    Pero me da gusto q escribas sobre esto y que sepamos como luchan por vivir y sacar a sus hijos adelante. Este mundo de el que tú escribes existe.

    1. Gracias por tu comentario, querida Eli. Si alguien ha podido padecer y ser testigo de este tipo de acciones violentas y sorpresivas eres tú. Años y años lidiando con la problemática de familias desgajadas. La “autoridad” cazando mexicanos como cazar venados. Una mínima infracción y ya está. La vida totalmente dislocada. Qué triste.

  7. Fantástico texto, he estado revisando tus textos anteriores por lo que subes a instagram y facebook y me encanta todo.

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