A propósito de un buen prosciutto

Prosciutto de primera

Las exigencias académicas de la escuela católica a la que asistí en Italia eran altísimas. Más que inteligencia, requerían estámina. Todos los días me iba al colegio en bicicleta con la mochila cargada de libros, además de mis diccionarios de griego, latín, italiano.

En la secundaria leímos La Divina Comedia, Promessi Sposi, íntegro, con sus treinta y ocho capítulos en italiano clásico; La Iliada y La Odisea en griego, La Eneida en latín. Jamás entendí por qué, habiendo libros tan interesantes y divertidos, nos torturaban con esa literatura aburrida, incomprensible y totalmente inadecuada para jovencitas de catorce años.

El padre Andrea -tendría en aquel entonces no más de veintidós años- nos daba catequismo. Los lunes antes del descanso teníamos que ir con él a confesarnos. Era mejor inventar algún pecado porque, si no, la lección de moral por falta de humildad era infinita y adiós recreo.

El padre Andrea era bueno, muy guapo. Padre, le dije mentiras a mi mamá, sí tenía tarea; me robé un chocolate de la despensa; y el pecado más severo: Guido me dio un beso. Él se ponía muy serio. Diagnosticaba la gravedad del pecado y prescribía cuantos padresnuestros, cuantas avesmarías, no te aflijas, hija, me consolaba en caso de que yo aguara mis ojos, el arrepentimiento hace milagros. Señalaba el majestuoso fresco que había junto al atrio y me decía, ¿ves ese capo lavoro? Esa obra maestra es tan bella como tus piernas. Y sí, mis piernas eran lindas. También las de la Valentina y las de muchas otras chicas que asistíamos a confesarnos, todas con minifalda. Pobre padre Andrea. Habría tenido que taparse los ojos con dos generosas rebanadas de prosciutto para doblegar las tentaciones.

Hablando de prosciutto y de tentaciones, Don Giovanni, el merendero, orgulloso italiano del sur, tez morena, camisa desabotonada que dejaba ver su pecho velludo y sus múltiples cadenas de oro, era también dueño del salón de auto-bronceado al que mi mamá iba con cierta frecuencia. Él llegaba diario a la escuela a medio día, a la hora del almuerzo y nos vendía, paninis prosciutto, y la mejor focaccia.

El hermoso merendero bronceador, don Giovanni, fue amante de mamá cuando mi papá la dejó por una mujer veinte años más joven.

De eso me enteré hace muy poco.

28 respuestas

  1. Me hiciste reír! Tú debes divertirte un montón mientras tejes tus historias, me imagino.
    Antes q nada, de dónde, o cómo te acuerdas, de esas realidades católicas que no te tocaron vivir a ti (Baruj HaShem)!? Siempre espero el twist al final de tus textos.
    Tu cabeza es siempre un laberinto inesperado! Gracias por invitarme a pasearme por él, nunca me descepcionas.
    Y esta foto!? Esta vez no entendí la relación.

    1. La página en blanco siempre me aterra, querida Shu. Suena a disco rayado pero para mi es cierto. Luego los personajes van soltando y yo me relajo. La foto representa para mí, lo prohibido, lo que se esconde debajo de el disfraz que cada uno de nosotros lleva puesto.

  2. Un texto delicioso , al parecer ligero, así como los escritos que hubieran anhelado leer estas chicas y no las portentosas obras maestras clásicas.
    Pero aquí hay gato encerrado, las niñas en minifalda provocando los malos pensamientos y tal vez más en el sacerdote joven, guapo y con la hormona castigada costreñida por los votos tomados.
    Infidelidad del padre, amante para la madre y todo bajo el sol y el encanto de la tierra italiana,.
    Tal vez si la protagonista hubiese leído la Divina Comedia con más atención le hubiera parecido algo cercano, cotidiano y conocido.
    Muy bueno !!!!

    1. Gracias, querida Marianela. Tu entrada al texto lo desnuda. Y como siempre digo, el lector es quien completa la historia. Imposible a los 14 acercarse a la Divina Comedia. Al menos no de la forma que uno lo hace cuando ha pasado ya por el infierno.

    1. Muchas gracias Jovita,
      En efecto, este gran teatro donde todos, incluso los disfrazados de honestidad a ultranza, somos parte.

  3. ¡Divertidísima historia! Recordé cuando para hacer la primera comunión, a los 8 años, el padre me pidió confesara y me causó muchísima angustia no tener pecados, así que contesté sencillamente “A veces no quiero hacer la tarea”. Gran texto, saludos.

    1. Gracias por tu comentario, Belen, y por compartir tu experiencia confesionaria. “A veces no quiero ( y este no quiero me parece formidable) hacer la tarea”

  4. Pobre Andrea, tanto confesar a niñas con piernas nivel “Capo Lavoro” que ni el prosciutto en los ojos evitó sus sueños mojados; finalmente Andrea seguramente terminaba confesándose.

    En contraste, la mamá y Djiovani dándole vuelo a la hilacha, seguramente jamás se confesaron.

    Muy divertido Vickyta, con éstas historias que yo me pregunto, ¿De dónde demonios las saca? La que un día de éstos debería confesarse, eres tú :))

    1. Mil gracias por tu muy divertido comentario. En efecto me debatí si debía agregar la oración de las confesiones de Andrea. Me gusta más escucharlo de un lector. Y a tu pregunta, o más bien, a tu llamado a confesión, te respondo, me paso la vida observando, escuchando, atando cabos. Una especie de obsesión por resolver, más bien, plantear este tipo de ecuaciones emocionales.

  5. Hola mi Vicky cómo ya acabo tan rápido ❓❓❓yo quiero saber mas del padresito guapo ❓❓❓que cosa de la dulce vida italiana. Me acorde de Marcelo Mastroiani ( no sé si así se escribe ese apellido) De lo único que me puedo quejar de esta historia es que se acaba 🥺🥺🥺

    1. Muchas gracias por tu comentario,
      Qué pasó con la protagonista, con Andrea, con la mamá de la protagonista? Cuántos diferentes finales puede, podría tener esta historia. Qué bello eso de que lo único malo es de que acaba.

        1. Qué maravilla, querer más! En esta colección de Harinas, el propósito es dejar una viñeta, lo suficientemente reveladora, sin caer en la resolución de lo que planteó. Parece fácil, pero ha sido un ejercicio bastante difícil.

  6. Solo somos “humanos”, llenos de imperfecciones y “pecados”. Pasamos por esta vida haciendo nuestro mejor esfuerzo, pero no es suficiente. Nos gana el instinto, la soledad, la aventura, la invitación a lo prohibido, a no confesar la verdad.
    Tu texto Vicky es uno que en el fondo cuestiona el vivir dentro de una moral impuesta por una iglesia que no sabe lo que hace, al pensar que puede quitarle a los “humanos “ desde el deseo sexual hasta la capacidad para aprender a amar incondicionalmente a través de la realización humana de la procreación.
    Y luego está la viuda, que calla también sus necesidades… y las de estas adolescentes… que en su coqueteo se van afirmando como mujeres. Nada es abierto, todo es un juego escondido, la verdad solo se vislumbra pero no es real, carece de honestidad, no es nombrada.
    Gracias por compartir este texto Vicky!

    1. Gracias por tu comentario, querida Susi,
      Rescatas el aspecto silencioso del texto. Lo que no se dice, lo que se oculta. Y eso de que nos gana el instinto, la soledad…

  7. De prosciuttos, pecados, deseos y otras historias…

    Deliciosa narración, aderezada de ingenio y sentido humor, que sucede en mi cabeza entre una y otra mordida de panini.

    Hermosos y tiernos catorce años, donde el mundo 🌍 sucede entre mentiras sin importancia y chocolates.
    Historia nostálgica. Don Giovanni como en la ópera, seductor. Pero en ésta ocasión sorpresivamente a mamá.

    Fuerte final, inesperado, puntual. Asombroso.

    1. Qué nostalgia! Aquellos años en los que todo giraba alrededor de nuestros apetitos. Gracias por tu comentario, Linda. Tus análisis siempre acaban completando la historia.

      1. Vicky tienes un talento y elegancia notable El libro cuando llegue será un éxito

        Historias que todos nos relacionamos, que alguna vez oímos. Tu pluma las narra impecable

        Qué gusto por ti. Y por todos Felicidades i

  8. Hola, soy nueva por acá, de los poemas me pasé acá. ¡Me ha encantado! Saludos , felicidades por este blog lleno de historias.

    1. Bienvenida, Paulina!
      Me alegra que encuentres textos de tu interés en el blog. Muchas gracias por dejar aquí tu comentario.

  9. Ya estaba yo encarrerada leyendo y de pronto , pum ! Un corte a otra cosa y acaba , me encantó cómo me detuvo en seco ! Bravo !!

    1. Muchas gracias, Heny,
      El corte y a otra cosa. El apunte de una trayectoria. Cuántas historias podemos desprender de una sola madeja. Y sí, detenerse o continuar, ese es el dilema.

  10. Querida Vicky, mis pinturas son iluminacion de lo invisible. Yo solo no me entiendo y ahora llegas tu con tu bellisimo cuento y tampoco entiendo nada. Oy vey.

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