Muerte en red

In memoriam

Las abandonó cuando ella y su hermana tenían apenas cuatro y tres años. La madre muy pronto se volvió a casar y él se convirtió en un extraño. Sara, la mayor, cumpliendo los trece, insistió en saber. No por escasez, pues el padrastro adoptó a las niñas y fue para ellas una figura de amor y cuidado. No había odio ni resentimiento sembrados ni expectativa alguna. No punzaba en las niñas una historia de alcoholismo y drogas. Era curiosidad lo que empujaba a Sara, tal vez morbo, capricho por averiguar cómo era físicamente. La madre no objetó en lo absoluto. Le mostró, ése que va allá es Emilio. Vivían en el mismo barrio. 

Ya en la preparatoria, a veces Sara se cruzaba con él en la calle, lo saludaba, hola Emilio, un tanto propiciando, poniendo a prueba la reacción de él, una especie de desafío adolescente. Nunca se interesó en conversar con aquella jovencita que con tanta amabilidad lo saludaba. Había pasado mucho tiempo y cualquier rastro de la niña que abandonó, se había borrado.

Un día despertó agitada por un sueño en el que veía a Emilio moribundo. Sara se fue a vivir lejos de casa tan pronto terminó la universidad. El único contacto que mantuvo con la familia paterna fue una tía. Le llamó. Después de expresar tremenda sorpresa, le confirmó, en efecto, tu padre agoniza. Está en la unidad de desahuciados. La joven tomó un avión y llegó justo a tiempo para despedirse. 

La unidad de desahuciados era un enorme pasillo dividido por cortinas. En la entrada un escritorio de registro. ¿Es usted familiar?, pregunta la enfermera a cargo antes de dejarla entrar e indicarle dónde se ubica el paciente. Le pregunta más por formalidad que por reglamento. La hilera de moribundos que ahí aguarda son los destinados a fosas comunes. Fuimos vecinos, responde Sara. Emilio no tiene a nadie. 

El olor a medicamento y a desinfectantes, mezclado con el gemido que los otros  pacientes expulsan, cimbra el noble propósito de Sara. Se sienta a su lado en la orilla de la cama. Lo contempla como queriendo encontrar algún vestigio familiar en el mapa de aquel rostro consumido. Te perdono, papá. Y ese papá se tropieza dejándole un sabor acre en la boca. Descansa en paz. Se lo dice sosegada, casi indiferente, como si le estuviese diciendo adiós en uno de aquellos encuentros fortuitos en la calle. La respiración agitada próxima a los estertores de la muerte. Sara le toma la mano. La observa de cerca. Por primera y última vez su textura rasposa, su ya muy baja temperatura. Aguarda tranquila. No hay prisa. Su vuelo sale hasta la media noche. Te perdono, Emilio, repite ahora con mayor naturalidad. Bajo el efecto de la droga, y tal vez aun si no hubiese estado sedado, aquel hombre no dio señal alguna. Ni apretó más la ya estrangulada mano de la muchacha ni pronunció palabra ni expresó nada con aquellos ojos saltones que ya se le habían vaciado. 

Cuando Sara escucha que el monitor cardíaco anuncia el pitillo escandaloso de la muerte, con absoluta ecuanimidad saca su teléfono celular y toma la foto. La imagen es única. El suave y vigoroso antebrazo de ella muestra un pequeño tatuaje. Un ancla. Su mano juvenil luce vibrante con un anillo de plata en cada dedo. Anuncia a los cuatro vientos su apetito por la vida. La mano de él hinchada, deforme por la artritis, con las venas resaltadas, reseca y fría se aferra con fervor a la de ella. 

Lentamente, como si no quisiera despertarlo, Sara desprende su mano. No hay lágrimas, ni quisieras ni hubieras. Aquel hombre con el que comparte la mitad de material genético es un perfecto extraño. 

Llega la enfermera. No hay disposición ni dinero ni destino específico para aquel cuerpo. 

Baja a la cafetería, se compra un sandwitch, se sienta en una mesita, saca su celular y sube la foto a Face Book.

Sara está feliz. Nunca antes había recibido setecientas respuestas: likes, corazones, caritas con lágrima, caritas sorprendidas, y uno que otro escrito dándole su sentido pésame.

54 respuestas

    1. Vicky: es un texto rápido. Yo los admiro y agradezco. Tu historia es, según mi lectura, de curioso reconocimiento de quién fue, cómo es en su último día ese mi padre que me olvidó. Veo en el texto el drama de la vida en un hospital y la realidad. No perdón, no lo hay; no amor, no lo hay. Nadie se reconcilia con la muerte. Imposible. Pero sí con la vida. Y el testimonio del encuentro con un hombre que fue el padre de Sara, es tu historia. Dura y veraz.
      Te felicito.

      1. Hola Mario! Muchas gracias por tu comentario. En efecto, no hay reconciliación con el machetazo fatal de la muerte. Reconciliarse con la vida, sí, a pesar de que quien la engendró te haya olvidado, es un gran mérito.

      2. Querida Vicky, me quedo con el momento en que la chica llega al hospital y está frente al moribundo y El resto de la narración. ¡Excelente! Ni qué decir de ese cierre. Es una vuelta intempestiva que nos dice TODO de la chica. El inmenso vacío interior o la ruptura con lo sagrado de la muerte.
        Hace unos días leí, en Tweeter, el testimonio de una chica que inicia con : “estoy destrozada. Acaba de morir mi madre y me siento….”
        Las respuestas que recibió oscilaron entre las palabras de apoyo, a reclamos que decían: “todo por un momento de fama”. O bien :”si estuvieras destrozada no estarías pensando en escribirlo en la red” …asi en ese tenor.
        Tu relato, amén de la descripción que haces del momento, cierras perfecto.
        ¡Bien mi Vicky!

        1. Mil mil gracias, querida Jovita. Todo por un momento de fama. Qué fuerte. Es la invisibilidad la que lleva a estos jóvenes a mostrarlo todo. Esta nueva forma de sentirse visto por lo intangible!

  1. Vickita, gracias por compartir tu escrito es cautivador, me matuvo siempre con la esperanza viva de que en algun instante reaccionara el hombre, interesada en compartie su historia, sus razones…. todo quedo igual que al principio, sin respuesta. Como en un hueco, un vacio gris interminable. Asi como en el fondo de un pozo de agua abandonado, viejo, sucio, que en el fondo no tiene ni una gota de agua que ofrecer a su hija, una jovencita en floe sedienta de amor.

    1. Emma, muchas gracias por tu generoso comentario. En efecto, nada como aceptar la realidad. La de Sara. Y la nuestra: la modernidad!

  2. Historia dramática adentro de una nuez y muy bien resuelta. El final me recordó a la terrible y buenísima serie Black mirror.

    1. Muchas gracias por tu comentario, querida Myrian. “En una nuez”! Me encantó! Dios sabe lo que nos depara ésta y la nueva modernidad!

  3. Un escrito fuerte, descarnado y absolutamente real . En estos tiempos en donde todo se ventila, se anuncia, se “comparte” se sanitiza en los medios sociales.
    Sara tal vez se siente revindicada recibiendo cinco minutos de likes y caritas que lloran, corazones y algunas palabras vacías que se fingen consoladoras.
    Sólo eso ha valido la pena para resarcir la idea de la ausencia y abandono de un padre biológico que realmente sólo intervino en su vida en el momento de su creación, poca o mucha cosa…..
    Admirable!!!

    1. Gracias, queridísima!
      Aquí rescato la capacidad de Sara de no haber querido cambiar, conscientizar, culpar, etc, etc, a un padre que sólo sabía ejercer su biología.

  4. cuando supe que soño con el padre moribundo pense en ese contacto espiritual que tenemos con nuestros seres queridos o no queridos, que va mas alla de explicaciones materialistas y por ahi pense que se hablaria de esa Red transparente de amor que nos tendemos
    pero
    el final tan inesperado, o quiza esperado pero sin haberme dado cuenta que asi seria,
    me dejo fria
    fria
    muy fria
    y triste.
    Esa red es la que nos atrapa como peces en la espera de un feedback y de la aprobacion del otro, como si la calidad de vida dependiera de cuantos likes consigues en un momento determinado.
    De cuchillo filoso ese final!
    Bravo Vick.
    Me pregunto que dirian los lectores jovenes, o los amigos de Sara.

    1. Muchas gracias por tu generoso comentario, Etty. Como siempre tan introspectiva. Navegas el texto de Norte a Sur y de Este a Oeste. Lo desmenuzas. Y luego, como si nada va tu comentario tan lleno de ti.
      Yo también aguardo al comentario joven. Tal vez les resulte business as usual!

    1. Gracias, Luis!
      Tal vez el mayor logro de Sara fue no haberse vinculado con un hombre que no podía o no quería dar nada!

  5. Ella encontró su paz sólo tomándole la mano y dejándolo ir en paz . Ya no había espacio para reproches.
    Me gusto mucho!

    1. Muchas gracias, Perla. Creo que comprendiste un aspecto profundo de la personalidad de Sara. En efecto. Hizo lo que la dejaría tranquila y bueno, ¿porqué no hacerlo?

  6. Te felicito Vicky porque este texto inspira muchas reacciones diferentes. Para mi, todo esta al final del texto. El aparato celular, razón de la existencia de miles hoy día…

    Sin esta pequeña computadora manual no se puede vivir ya, es un todo poderoso, que aún mas allá de todo sentimiento, más allá de perdidas emocionales o físicas, es lo único que importa.

    Tu cuento deja entrever la triste realidad de hoy, una soledad profunda, en la que solo compartimos lo nuestro a través de las redes sociales. Es esa distancia que ya no podemos romper, que nos separa realmente de familiares y amigos… o incluso de futuros encuentros y relaciones. Ahora todo lo comunicamos a través de esa pequeña máquina que contiene nuestras alegrías y penas, nuestros triunfos y desengaños!

    En que mundo tan sólo y triste vivimos, caminando hacía el final, haciendo click más otro click sin cesar. ¿Dónde están todos aquellos que dan una respuesta a los mensajes enviados? Las experiencias de vida se quedan allí, en un segundo compartido que en realidad a nadie le importa…

    El aislamiento, esto no es el Corona Virus, esto ya tiene más de una década. El vacio de generaciones llenas de hambre social y emocional, la necesidad humana de reconocimiento a través del contacto directo con otros, impreso en la médula de nuestro ser como humanos de que verdaderamente existimos.

    1. Susy, muchas gracias por tu generoso comentario.
      Qué desolación sentir compañía de esta nueva forma de “amistad” que ofrece Fb.

    2. Excelente!! Como siempre Vicky, me encanta leerte , cuantas personas podrán identificar esta escena, hijos abandonados y que al final se llevan el perdón, y nada mas noble y enriquecedor de espíritu que saber perdonar .
      Gracias, besos 😘

  7. Me entristece la obsesión moderna de la búsqueda de likes . Y en esta magistral obra tuya , que dá escalofríos, Vicky, sentí vértigo. Pudo haber sido la muerte del padre ausente, o una nueva conquista en el antro, o cualquier evento. Lo importante es decir: te comparto…carajos…en lugar de comparto contigo. Y en vivo.

    1. Gracias, Jaime! Qué fuerte lo que dices: te comparto en lugar de comparto contigo. Sí, esa carrera sin fin a cambio de un like más a mí también me da vértigo.

  8. Vicky esta lectura es un enigma ❓un signo de interrogación. Es una venganza❓
    A mí me sabe amarga. Para que me pregunto❓
    Esa no hubiera sido mi manera de decir el odio que le tiene a una figura inexistente. Como lectura te atrapa en la necesidad de saber, saber si acaso hay una pequeñita caricia de parte del inexistente. Mil felicidades 💋❤️💙

    1. Muchas gracias por tu comentario, querida Vicky,
      Sara no odiaba ni amaba a su padre biológico. Logró entender que el amor no se puede forzar. Ni siquiera el amor de un padre.

  9. Querida VIcky, Dentro de mi vida, hay una persona muy importante que ha vivido lo narrado por tí acerca de Sara; así, casi idéntico, una historia llena de indiferencia, total desdén que aún vive en el mismo barrio, con quien se encuentra eventualmente y se saluda con solo un gesto indiferente. Por igual, sin odio ni resentimiento lo cual resulta en más indiferencia, si es que la palabra “más” cabe en éste comentario.

    Ahh que épocas éstas, en donde la indiferencia se puede convertir en cientos de likes, en un espacio virtual lleno, saturado de indiferencia.

    1. Gracias, querido Jaime, por tu certero y crudo comentario. “ la indiferencia se puede convertir en cientos de likes, en un espacio virtual lleno, saturado de indiferencia”.
      Para Sara fue más aceptación que indiferencia. La frontera entre ambas es sutil, pero abismal.

    1. Qué gusto encontrarte por aquí, querida Adela! Qué fuerte lo que nos dices. Cuántas historias ya te habrán nacido de esa experiencia!

  10. La narración exacta, profunda, sorpresiva, breve. Pero por sobre todo vertiginosa, Y en esas curvas de la vida transcurre el discurso.
    Un texto trágico y sin embargo me sorprendo de vez en cuando sonriendo. No todo es negro
    Los claros oscuros de la historia la enaltecen
    El blog narración tras narración es cada vez más muy poderoso

    Espero impaciente al próximo relato
    Felicidades

    1. Gracias, Linda, por tu generoso comentario. Uno escribe y escribe y muchas veces no sabe a dónde van a dar las palabras. Encontrar un interlocutor, un remitente, es un oásis.

    1. Hola Fallo!
      Qué gusto de verte por aquí!
      Muchas gracias por tu comentario. Más que venganza creo que es aceptación.

  11. El viento camina descalzo. El otro, nosotros, ellos, todos, vivimos en nuestra solitaria lectura para sopesar nuestra propia fragilidad y nuestro amor para no ir muriendo intimidados por la negra noche.

  12. Vickyta , fuerte y triste tu escrito.
    Muy triste por varias cosas.

    La vida de Emilio. Solo sabe D porque actuó así , abandonando a su hija Sara. Así la debió de haber pasado el ..

    Triste para Sara haber vivido con ese gran hueco. Esa ausencia paternal , ese calor humano. Falta de amor.

    Más triste aún , el q ella recibiera tantos mas “likes” que nunca ..!

    Será que hoy por hoy esos , compiten con una mirada ..? Con el sentir de la piel – Con un abrazo o un beso ?

    Te felicito.
    Tengo q compartir contigo algo que estoy segura dara cabida a un cuento tuyo. .. pensé en ti cuando lo vi !
    Te abrazo bien fuerte.

    1. Muchas gracias por tu generoso comentario. Sí, la historia detrás de cada vida! Me encantará escuchar tu historia! Un fuerte abrazo!

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