Vidas Migratorias

Yo sí creo en los milagros

Mi abuelo nació en la legendaria Hebrón, provincia de la antigua Judea, entonces, Palestina. La Palestina Romana fue el nombre que los romanos le dieron a Judea cuando la devastaron. Así honraron a los filisteos, enemigos acérrimos del pueblo judío.

Hebrón es la ciudad donde se encuentran enterrados los patriarcas y matriarcas bíblicos. Una antigua tradición judía asegura que incluso Adán y Eva están sepultados ahí. Por lo mismo, ha sido ocupada por muchos pueblos, causa de envidias, arrebatos, jaloneos, invasiones y guerras. David fue ungido rey en Hebrón. Mil años después Herodes se convirtió en rey de la Palestina Romana y construyó un muro de doce metros de altura sobre las tumbas de los patriarcas. Luego vinieron los bizantinos y erigieron una gran iglesia sobre las tumbas. En 638 DC fue conquistada por los árabes quienes convirtieron la iglesia bizantina en una enorme mezquita. En 1099 la conquistaron los cruzados quienes convirtieron la mezquita de nuevo en iglesia. En ese tiempo la comunidad judía fue perseguida y expulsada. Después Hebrón cayó en manos de los mamelucos quienes restablecieron la mezquita sobre la tumba de los patriarcas. Los mamelucos prohibieron a los judíos ingresar a la tumba. Cuando Maimónides visitó Hebrón, en el siglo XII, ya no quedaban judíos. La antigua Judea, entonces, Palestina, perteneció durante siglos al Imperio Otomano. Ahí, en esa permanencia de desdicha que traen las guerras, entre pogromo y pogromo, cristianos, judíos y musulmanes convivieron y se dispersaron mutuamente.

La familia de mi abuelo se hacía llamar, Los Antiguos Hebronim, porque habían llegado hacía tanto, que para rehabilitar la tierra y establecerse tuvieron que secar pantanos y guiar manadas de camellos. Llegaron a Hebrón huyendo de la España inquisidora. Como muchos otros judíos, se establecieron en alguna de las provincias otomanas. Hebrón fue una de ellas. La lengua oficial de los judíos en Hebrón era el ladino. Claro, también se hablaba el arameo, el hebreo, el árabe y el turco. Ahí vivió la familia Castel por generaciones. Para finales de 1800, todavía bajo el dominio del mandato otomano, habitaban en Hebrón aproximadamente setecientos judíos.

Mi abuelo creció dentro de la horma férrea de la tradición y del trabajo continuo. Su familia se dedicaba al cultivo de olivos, tenían un pequeño viñedo y vendían sus productos en los poblados vecinos. Seguramente su niñez y juventud transcurrieron entre la sinagoga y la venta de aceitunas y vino. Lo imagino correteando por las serpenteantes callejuelas en aquellos barrios de casas de piedra y calles de polvo. En un ir y venir a clases con el rabino, conversar con beduinos, visitar a sus amigos árabes, y vender o intercambiar  productos. Comería sandía y pepitas asadas con mucha sal, y su madre hornearía el pan de Shabat y borrecas rellenas de queso de cabra y berenjena. Con los años se habrá convertido en un típico joven sefaradita. Apuesto, robusto, nariz y labios gruesos, piel morena y manos rocosas. Era alto como una palmera y su espíritu desbordaba la dulzura de los dátiles. Muy joven conoció a mi abuela. Se casaron, tuvieron tres hijos. Podría decir que la personalidad de mis abuelos era asimétrica de muchas formas. No en creencias o valores. Mi abuelo habrá sido un buen hijo, el mayor de seis, o quizás el más pequeño. Era tierno y feroz. Respetuoso de sus tradiciones y de las de sus amigos árabes o beduinos. Adivino que no hablaba mal de nadie y que se desviaba de su camino para ayudar a otros. Optimista. Lleno de un profundo amor por la vida. Y ella, mi abuela, bajita sólo de estatura, de un blancor que la transparentaba, delgada, prudentísima. Imagino que fue un matrimonio arreglado. Que la eligió por su manera de ser sobria, callada como la luna. Por esa mirada triste que se transformaba en luz cuando sonreía. Le habrá fascinado su abnegación y devoción hacia sus padres y hermanas, y el prodigio de su buena cocina. No era amor lo que los unió. Pienso. Fue el trabajo, las obligaciones. 

El 8 de diciembre de 1917 las tropas británicas ocuparon Hebrón para combatir y expulsar al Imperio Otomano. Ese 8 de diciembre mi abuelo fue reclutado por el ejército turco. Alberto, su mejor amigo, quedó incorporado en las tropas inglesas. Podría detenerme aquí y contar el dolor de estos dos jóvenes arrancados de sus vidas para servir en los ejércitos de sus dos invasores, o las injurias de inviernos desnutridos, pero me ciño a esta historia migratoria.

Todos sabían que los ingleses vestían y alimentaban mejor a sus soldados. Mi abuelo nos contaba que eran tales las hambrunas por las que pasaban entre los turcos, que ponían a hervir las suelas de sus zapatos y se las comían.

Mi abuelo y el señor Alberto vislumbraron el retorcido porvenir que les aguardaba, que tarde o temprano estarían peleando uno contra el otro, uno defendiendo al invasor otomano, el otro al británico. Amigos-enemigos en su propia tierra. Amenazados por las tremendas sequías y por la disyuntiva de un futuro estrangulado, planearon emigrar a América. Hacer allá, un poco de plata y regresar a Tierra Santa, a Hebrón, para ayudar a sus ancianos padres. Decidieron desertar de ambos ejércitos. Acto en sumo peligroso pues la deserción tenía como castigo la pena de muerte. Imagino que mi abuela no quería desprenderse de su madre y hermanas. Que se rehusó a lanzarse a tierras ajenas sola con el padre de sus hijos. Creo, por la enorme pena que destilaba, que le reprocharía siempre a su esposo el haberla arrancado de los suyos y que siempre los echaría de menos. Su pasado le creció dolorosamente con los años. Por su cara tan triste, adivino que se fue sintiendo más y más atraída por el estallido de los muertos, que el de los vivos. Mi abuela derramaba ya la amargura de una madre que ha perdido a un hijo, aún antes de haberlo perdido. Ella pertenecía más a su historia que a su futuro. Cuentan que a lo largo de su vida en el exilio, a escondidas de mi abuelo arrancó dinero de la quincena que él le daba, y que, mes a mes lo enviaba a sus padres y hermanas al otro lado del mundo. A escondidas también consagró su amor, sólo para sus hijos. El resto de su corazón lo dejó inhumado en su tierra. 

Mis abuelos llegaron a Parral, Chihuahua, con unos cuantos ahorros, tres hijos, y uno a punto de nacer: mi padre. Con ese dinero abrieron El Zorro, una pequeña tlapalería. Ahí trabajaban todos. En sus ratos libres, entre la escuela y el trabajo, los tres hermanos mayores encontraban cofres escondidos o enterrados llenos de billetes de la revolución. Jugaban, soñaban y hacían planes a futuro con aquellas fortunas que nada valían.

Cuando mi tía cumplió los dieciséis decidieron irse a vivir a la ciudad de México, donde vivía su amigo Alberto. Acercarse a la comunidad judía y buscarle un marido a su hija. Ahí mi abuelo, junto con Alberto y otros pioneros recién emigrados, fundaron la Comunidad Sefaradí mexicana.

Mi papá platicaba que, según le dijeron, hasta cumplidos los dos años, era requerido por una vecina de la calle de la Providencia, doña Jacinta, amiga de mi abuela. Se lo pedía prestado para el Nacimiento de la Parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón a la que ella, doña Jacinta pertenecía. Por ser güerillo.

Me gusta pensar que prestar a su hijo para el Nacimiento le proporcionaba cierta alegría a mi abuela. Ensimismada, adolorida y bajita como era, dueña y señora de su higuera y de otros árboles frutales, entre los trajines de sus cuatro pequeños y las exigencias de mi abuelo, bañaba a su hijito y lo acicalaba para el préstamo. La remitía, tal vez, a una nostalgia más silencio que palabras que nunca confesó por completo, pero que destiló en cada acto de su vida. El punzante recuerdo de quien, hace años, se despidió de lo amado con un hasta luego que nunca llegaría. Quiero imaginar que redimió así el recuerdo de su Tierra Santa.

48 respuestas

  1. La fuerza histórica es tremenda. Es tan fácil leer sobre una invasión u otra. No nos detenemos a pensar cuántas decenas de miles de familias son afectadas como resultado a lo largo de generaciones. Pero basta escuchar sobre las añoranzas de una sola abuela para comenzar a dimensionar, o al menos vislumbrar, lo que no entendemos. ¡Magnífica historia!

    1. Muchas gracias, Daniel! En efecto, sólo hay que entrar a fondo a una historia para entenderlas todas. Cuántas vidas migratorias!

  2. ekupferman@prodigy.net.mx
    Vicky estoy conmovida y agradecida. También soy hija de inmigrantes y cargo ahora las historias dolorosas ( y no dicha en muchas ocasiones) que vivieron mis padres. A nosotros nos toca contarla.

    Te felicito por tu texto. Fuerte abrazo.

  3. Qué fuerte testimonio escribes, en el expones el poco poder que tenemos los seres humanos para elegir nuestros destinos.
    Tierras que cambian de mandatarios, guerras que expulsan a los originarios del lugar, disputas que fomentan los odios de quienes habrían podido convivir en paz y respeto, vaya hasta los matrimonios arreglados.
    Tus abuelos terminaron estableciéndose en México y gracias a su trabajo y determinación prosperaron.
    Uno podrá cambiar de paisaje y lengua, de costumbres y vivencias pero muy adentro la marca de nuestros orígenes permanecerá intacta.
    De ahí vienes tú. Tú misma vives hoy en un lugar que no es el que te vio nacer y sin embargo has podido construir nido sin perder la raíz que te hará florecer a donde quiera que vayas.

    1. Gracias, Marianela querida. Tu comentario siempre abre a una nueva reflexión. Echar raíces en tierras ajenas, se dice fácil cuando por tus venas corre lo mismo el comino y el epazote.

  4. Vicky tu me conoces. Pero en esta ocasión no puedo fingir humorismo. Tu relato es demasiado serio e importante y merecen mi más profundo respeto. Hoy estuve estuve presumiendo tus Libros. Me remito a confesar que eres una escritora fuera de serie. Solo hojear tus libros me producen melancolia y deseos de leer más. De verdad tus relatos no tienen medida. Para mi eres lo máximo. Te admiro porque sabes llegar al corazón de tus lectores.

  5. Hola mi niña linda, me has hecho recordar a tus abuelitos y su casa en la calle de Providencia. Tus papás vivían en la casita de atrás.
    Tu abuelita de verdad tenia su cara triste y según la recuerdo yo.
    De tu abuelo, el Señor Moises lo recuerdo rezando a los pies de la cama en qué moria mi padre, tú abuelo materno, en la mitad de una noche tristísima. Yo los tengo presente hoy gracias a ti, a esos migrantes del Hebrón milenario.

    1. Gracias por tu comentario, querida Vicky! Tanta vida compartida, tanta memoria, y luego, encima, la historia de generaciones que llevamos a cuestas.

  6. Mi querida Vicky
    Dentro de nuestra educación judeo cristiana, los nombres de todos estos lugares nos son familiares pero lejanos. Y de repente tu relato fuerte y lleno de imágenes nos acerca como en el túnel del tiempo a la vuelta de la esquina siendo uno de esos personajes tu abuelo. De repente que cerca.
    Y una historia de despojos, de guerras de invasiones que cambia con la valentía de tu abuelo de venirse a Mexico y a Parral que era un pueblo muy distinto a su mundo y desde ahí
    volverse un hombre exitoso y muy admirado y querido.
    Te felicito por ese valiente linaje de el que tú eres digna representante.
    Con mi admiración y gran cariño de siempre.

    1. Pati, querida! Gracias por tu comentario. Sólo así, acercándonos a la vida de otros, viendo con sus propios ojos, es que logramos empatizar con otros. Que la empatía se adueñe de todos y que entre todos saquemos esta carreta de su estancamiento.

  7. Mi Vic, poderosa tu manera de contar historias… Adoro leerte!
    No sabía q tus abuelos venían de esta tierra. Hebrón!!!

    A tu abuela, dueña de su higuera, bajita, calladita, como la buena mujer abnegada que debía ser, a ella con su tristeza me la llevo puesta.

    Así emigramos tú y yo, dejándolo todo atrás pero en una situación tantísimo más afortunada. No cabe duda que los abuelos nos dejaron una vida millones de veces mejor.
    Reitero; adoro leerte!

    1. Mi Shu, querida! Gracias por tu reiterado apoyo. En efecto, nuestra emigra it fue relativamente voluntaria. Mucho más fácil aunque igualmente dolorosa.

  8. Querida hermana… comunión, abrazo del triángulo de los hermanos enfrentados por algo que no es de ellos, por alguien para quien el amor tornó bilis, veneno, y le consumió el alma… abrazo en el triángulo de los hermanos, y como paisaje la historia de hombres y mujeres que se miran a la distancia y se desconocen esrando tan cerca… entrañable; la historia de los seres humanos, de aquellos que caminan para encontrarse a sí mismos, debería ser también nuestra historia. Hermoso texto, luminoso…

    1. Juanito, querido,
      Gracias por tu muy esclarecedor comentario. Todos, aún aquellos que han permanecido en un mismo sitio, todos migramos. Es el estado natural del ser humano. Sólo que cuando pasamos de la infancia a la adolescencia, o de ser a adultos a ser viejos, no repudiamos lo que hemos abandonado. Los territorios nuevos y los viejos van conformando lo que somos. Tal vez, algún día se borrarán las fronteras y aceptaremos lo Otro sin tanto reproche.

  9. Queridísima Tocaya todos tenemos una historia; saber contarla y expresar con prestancia y claridad te hace única!
    Me recordaste a Eduardo Galeano : “No solo estamos hechos de células ; también de historias”…
    Recibe un fuerte abrazo colmado de cariño y admiración!

  10. Vicky,

    

Leo con gusto y con interés tus vidas migratorias, sino de judíos aunque no con exclusividad. No tenemos la exclusividad de la diáspora, y menos hoy día.


    Es para mí importante señalar que esta lectura me engancha de inmediato, o sea que se sostiene a través de su derrotero, principio a fin.

    

Debo señalar a su vez que estoy ante un texto bien forjado, nada sobra, nada falta, texto en equilibrio, y por bien acicalado y ataviado texto necesario, no a la defensiva sino desde la presentación. Esa exactitud.



    Debo también señalar que la frontera entre ficción y el documento, personal y verdadero, hay mucho que dirimir, porque no es ficción, es decir, no es novela, cuento, noveleta, género claro sino género nuevo en el sentido de que a veces leyendo me parece que estoy en la ficción, a veces ante la presentación histórica resuelta mediante personajes que son y no son realidad, mi abuelo no es invención pero tampoco es el real ya que se le tiñe, sospecho, de elementos inconscientemente “inventados” o novelados.

    

Me indica asimismo que tienes la capacidad de renovar retóricas muertas o desgastadas y eso es foco y punto muerto a reanimar. Puedes hacer del trabajo de escritura casi académico, casi de presentación histórica algo que es todo eso pero que a medida que el texto crece, va hacia desbordar con quietud las fronteras, más que del lenguaje, del género literario, al que pertenece, o mejor, debería pertenecer, acaba por no pertenecer y ahí confluyen el texto y la autora, que tampoco pertenece, no está más allá o más acá de la frontera, ni en la frontera, y desde ese marco ha de surgir la renovación.



    Vicky Nizri está en una encrucijada. ¿Poeta, narradora, estudiosa, ambas tres? ¿y más? Cuestión de trabajar, cuestión de arrebatarse comedidamente y de ir viendo, ir viendo, a ver si el peral da bayas de olmo o si la higuera es higuera loca o higuera de fruto comestible.



    El tiempo y Vicky Nizri dirán.


    José Kozer

  11. Maravillosa historia con penas dolor y mucho trabajo asi se formaron nuestros ancestros ,un orgullo para ti lo ,mismo para nosotros .,ABRAZOS Y CARIÑOS PARA TODOS.

  12. Increíble narración de la historia de mi familia y representante de miles de otras. Este año, casualmente me tuve el privilegio de guiar a mi hijo en su proyecto de raíces. Fue de Li mas interesante descubrir que la familia Castel tiene todo el árbol genealógico documentado desde 1492 y su llegada y asentamiento en la costa de Gaza después de la gran expulsion de Castilla. Hebrón fue su segundo lugar de asentamiento después de que Napoleon invadiera Tierra Santa. Gracias por enriquecernos con este texto.

    1. Muchas gracias, Moy, por enriquecernos con más datos genealógicos. Y gracias por dejar aquí tu valioso comentario.

  13. Te felicito por el excelente y conmovedor relato que precede a tu existencia, además de la interesante lección histórica sobre Hebrón. Siento que los que hoy emigramos le hacemos tributo a nuestros antepasados al hacer lo mismo que ellos hicieron en su momento en busca de ese porvenir que nos elude donde están nuestras raíces y que a la vez nos hace conscientes de que también tenemos alas.

  14. Respecto a Vidas Migratorias te felicito por el excelente y conmovedor relato que precede a tu existencia, además de la interesante lección histórica sobre Hebrón. Siento que los que hoy emigramos le hacemos tributo a nuestros antepasados al hacer lo mismo que ellos hicieron en su momento en busca de ese buen porvenir que nos elude donde están nuestras raíces y que a la vez nos hace conscientes de que también tenemos alas.

    1. Muchas gracias, Raúl, por dejar aquí tu comentario. En efecto, los que hemos seguido emigrando servimos tributo a nuestros antepasados, y comprendemos, aunque sea muy poco, la enorme dificultad de formar parte de una sociedad radicalmente distinta a la propia.

  15. Querida V
    No me canso de leerte y cada vez a traves de tus relatos conocer mas de ti y de tu historia. Fiel admiradora
    Extraordinario relato y me alegra que nuestros caminos se cruzaron
    TQM

  16. Los detalles en este relato Vicky, me llevaron hasta Hebrón… hasta el principio de todo… y a la propia inmigración de mis abuelos tanto maternos como paternos. El barco donde nació mi tía, los caminos en bicicleta que recorrió mi abuelo, aun antes de hablar bien el español, El Oro escondido que nunca encontró en la aquel entonces ciudad de Toluca, la razón para moverse a la Ciudad de México si no para casar a su hija… tantas coincidencias!!! Porque la vida de los inmigrantes judíos de aquella época es común a todos nuestros abuelos! Las lágrimas de mi abuela al contarme que nunca volvió a ver a sus padres y hermanas que se quedaron en Lituania.
    Todos nosotros en nuestra generación tenemos historias que contar, pero tú lo has hecho con una rima atinada, fuerte, y directa, llena de detalles sobresalientes. Además si vale el comentario, de esta historia si quisieras pueden salir muchísimos capítulos y quizás una novela en este estilo precisó de escribir. Te felicito!

    1. Gracias por tu testimonio, querida Susi!
      Me alegra haber abierto esta cadena de historias. Y sí, hay mucha tela de dónde cortar.

  17. Maravillosa narración de tú historia familiar, de nuestra historia familiar. Al margen de un comentario específico de este maravilloso escrito, no se si ya lo habías contemplado pero además, además, eres una excelente maestra de historia, muchos jóvenes morirían por tener una docente como tú. Estoy seguro que muchos de tus lectores coinciden conmigo, siempre aprendemos mucho de ti, eres un sol de sabiduría y amor.

    Y bueno, pasando al tema de la migración, más allá de lo triste que puede resultar dejar tu tierra, costumbres y familia por razones varias, entre otras por la lucha de poder entre esa gente que va apestando la tierra, la migración tiene muchos aspectos positivos.

    Así como la llegada de los “niños españoles de Morelia” huyendo de Franco, a los argentinos a finales de los 70´s, los judíos hemos y seguimos dejando huella por doquier. Recuerdo hace como 15 años nos juntamos la hoy ya numerosa familia Saltiel, desde Argentina hasta Canadá, desde Holanda hasta Israel, fue impresionante enterarse de todo lo que tan solo esta familia originaria de Salónica, ha logrado en tantos y tantos países, enriqueciendo, aportando, fundando, influenciando.

    Puede sonar arrogante, pero no solo nos hemos adaptado a nuestros nuevos hogares, éstos también se han adaptado a nosotros. Y todos, como tu abuela, seguimos redimiendo a nuestra Tierra Santa.

    1. Jaime, querido,
      Gracias por compartir lo tuyo que más y más se convierte en lo nuestro, lo de todos. Daniel me comentó hace años, de aquel vecino en Tepoztlan Morelos, que renegaba por lo distinto y poco amigable que era la gente de este nuevo barrio al que acababa de mudarse. Así, cada quien a su modo, es un migrante.

  18. Tus abuelos vienen de Hebron! Que interesante!
    Gracias por compartir, Vicky querida. Me quede con ganas de leer mas

  19. Tus abuelos vienen de Hebron! Que interesante!
    Gracias por compartir, Vickita querida. Me quede con ganas de leer mas

  20. Atravesar el calendario y llegar al Hebrón de tiempos ancestrales, tarea nada fácil, de la mano de romanos, ingleses y turcos. Cada estrato de tierra una historia desgarradora. Brillante Vicky Conmovedora narración, además de la impecable cronología de los hechos

    Me conmueven los amigos separados por una trinchera. Me imagino a la abuela Castel con la cara triste
    Me asombra tu narración, fina, y elegante
    Me conmueve tu añoranza por la higuera

  21. Este texto ha sido revelador para mi, este tipo de historias siempre son importantes porque tocan una fibra sensible en mi historia de vida familiar y personal. ¡Gustosa de compartirlo en redes! Me ha encantado. Saludos desde Veracruz.

    1. Muchas gracias, Natasha! La genealogía de cada quien es la genealogía de todos!
      Viva esa hermosa tierra jarocha!

  22. Leerte es mas que aprender. Mi generacio no acaba de entender lo que sufrieron nuestros antepasados. Gracias a escritos como los Tuyos es que podemos sentir lo. Que sufrieron nuestros antepasados. Gracias por hacernos ver y sentir hasta sacarnos las lagrimas. No podemos permitir que esas dolorosas experiencias se repitan.
    Como Siempre me desgarras el corazon con tus relatos tan humanos y tan ciertos.

    1. Querido Fallo,
      Muchas gracias por dejar aquí tu comentario pero sobre todo te agradezco el apoyo brindado a lo largo de los años. Muy poca gente posee ambas virtudes, sensibilidad y generosidad.
      Celebro nuestra amistad cada día.

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